Se pueden poner sus "obras de cultura" en un marco para que las vean los amigos cuando vayan a sus casas, porque la gente estamos hasta las narices de sus abusos y no pensamos ver nada suyo ni hartos de vino.
De sobra es sabido por todos la mediocridad del cine y otras males artes escénicas españoles y la mezquindad interesada de algunos de sus protagonistas. No voy a volver a justificar la connivencia en la que viven estos caraduras y sus protectores pseudomecenas del Gobierno . -que nos sacan el dinero para entregárselo a ellos a cambio de propaganda socialista-.
Recuérdense subvenciones dilapidadoras, sometimiento de empresas cinematográficas a los dictados dictatoriales socialistas, obligándoles a comprar y proyectar las películas que ellos manden; también la famosa trampa del canon digital, medida esta que genera pingües beneficios a los titiriteros de medio pelo que pululan disfrazados de progres por la España más inculta, zopenca, casposa y seborreica que jamás pudimos imaginar. Y todo ello a cambio de que usen sus escenarios para repetir las consignas que Pepino's Factory les manda.
La última entrega de los premios Goya, distinciones que ellos se mascan y ellos se reparten, ha sido escenario de una utilización política tan cutre como repulsiva. El premiado, un tal San Juan, que lo conocerán en su casa y alrededores, se ha erigido en portavoz de los más altos poderes universales y ha pedido alto y claro, sin venir a cuento, la "supresión de esa cosa que es la Conferencia Episcopal". Así, tan claro como repugnante es el manifiesto. Progres, progrecitos y progrecetes, incapaces de elaborar un simple pensamiento de forma autónoma y revestidos de la falaz hipocresía de la izquierda española, aplaudieron a su nuevo gurú con devota reverencia. Probablemente, en su limitado pensamiento creyeron haber encontrado al dios laico que siempre buscaron. Qué tropa.
Más de lo mismo, el premio Max de teatro ha sido concedido a un tal Francesc Orella, conocido en el supermercado y la farmacia de su barrio y poco más. Su nombre catalán traducido a la bellísima lengua de Cervantes, significa Francisco Oreja. Y la semántica tiene su expresiva proyección, no exenta de verdad y motivo de mofa. En valenciano o catalán, ser un "orella" significa ser "torpe. ignorante, burro", acepción que le viene al pelo al muchacho porque se necesita ser eso y algo más que me callo para subirse a un escenario a demonizar al PP y a sus votantes afirmando que está constituído por gentes que son auténticos enemigos del pueblo.
Pues miren marionetas y marionetos, que sepan que ustedes viven del público, y además de no tener ningún derecho a insultarnos por ejercer nuestra libre opinión, también tenemos reaños para mandarles a ustedes a hacer puñetas con encaje de bolillos. Y lo digo públicamente: ahora, tal y como están las cosas, no sólo voy a votar al PP con ganas, sino que les voy a condenar a ustedes al ninguneo más absoluto. Se pueden poner sus "obras de cultura" en un marco para que las vean los amigos cuando vayan a sus casas, porque la gente estamos hasta las narices de sus abusos y no pensamos ver nada suyo ni hartos de vino.
Vayan haciendo gárgaras, mindundis.