Todas las experiencias vitales nos reportan un beneficio, a veces difícil de distinguir, pero nunca inexistente.
La vida en sí misma es como la famosa máscara de la tragicomedia griega: desde un lado ves la cara risueña, amable y feliz, junto a ella sin apenas distinguir dónde se encuentar el linde que las separa, descubrimos al otro lado la cara sombría, triste y llorosa. Basta con saber escoger el ángulo que nos permita afrontar siempre las situaciones con optimismo, con positividad y esperanza.
Hay un dicho que aconseja: "Si la vida te da limones, hazte una limonada" ¿porqué no exprimir el jugo de la vida hasta la última gota, día a día, hora a hora, a cada minuto? Yo creo que en eso estriba la felicidad.
Los fracasos, las decepciones, los abandonos en el amor son inevitables, todos los hemos experimentado una, varias y hasta muchas veces, pero lo penoso no es sentirse no querido, sino no ser capaz de amar.